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martes, 1 de febrero de 2011

HISTORIA DE LA NEFROLOGIA LATINOAMERICANA






ESPAÑA
J. Botella
Miembro honorario de la Sociedad Española de Nefrología
Introducción.-
La Junta Directiva de la Sociedad Española de Nefrología me ha encargado que, escriba una breve historia de la nefrología española.
Antes de responder a esta solicitud me planteé las tres siguientes preguntas:
¿Está justificado escribir la historia de sólo una pequeña parcela de la ciencia española?
¿Es útil escribir esta historia?
¿Soy yo una persona adecuada para escribirla?
Después de pensarlo cuidadosamente contesté, quizás inmodestamente, de forma afirmativa a estas tres preguntas.
Sin duda, la nefrología es sólo una parte de la medicina, y ésta, a su vez, es sólo una parte de la ciencia y de la vida de los españoles, pero, ciertamente, ha salvado la vida a miles de ellos y, en mi opinión, ha contribuido a cambiar el estilo de la medicina. La nefrología ha introducido en nuestra vida el uso de los órganos artificiales y el trasplante de órganos, tanto de vivo como de cadáver.
El hombre, como Jano, vive mirando simultáneamente hacia su pasado y su futuro; lo aprendido en el pasado le sirve, teóricamente, para construir un futuro mejor.
Por tanto, para mejorar la nefrología del futuro es aconsejable conocer cómo hemos llegado a nuestra situación actual, es decir, debemos conocer nuestra historia.
Contestar a la tercera pregunta fue para mi más difícil. La historia, como cualquier ciencia, debe ser objetiva. El experimentador no debe formar parte del experimento, pero en estos momentos cualquier persona que escribiese algo sobre la nefrología española estaría, o habría estado, relacionada, directa o indirectamente con el quehacer nefrológico.
Evidentemente yo he formado parte de la pequeña historia de la nefrología desde sus primeros días, y mi intención es seguir relacionado con ella al menos hasta el año 2003. Pero, por otro lado, creo que mis responsabilidades desde hace más de diez años en la EDTA-European Renal Association me proporcionan una visión relativamente distante y de conjunto de la actividad nefrológica en España. Estas dos circunstancias aseguran, por un lado, mi interés y conocimiento de los hechos y, por otro, cierta objetividad.
No obstante, el lector de esta breve historia debe recordar que los datos, y mi interpretación de los mismos, siempre estarán sometidos a cierto subjetivismo.
Metodología.-

Creo que este ensayo histórico, como cualquier trabajo científico, debe comenzar por describir la metodología del mismo. Creo que este ensayo histórico, como cualquier trabajo científico, debe comenzar por describir la metodología del mismo. Por otro lado, el hombre no está solo, siempre desarrolla su actividad rodeado de su generación (Ortega y Gasset); es decir, de aquellos hombres y mujeres que, habiendo nacido en su mismo tiempo, están sometidos a su misma circunstancia y, por consiguiente, tienen una actitud semejante y se convierten, a su vez, en circunstancia los unos para los otros.
Según Julián Marías, quizás el mejor conocedor del pensamiento orteguiano, cada generación se desarrolla a lo largo de quince años; esto no quiere decir que una generación sólo esté vigente durante quince años, sino que el grupo de personas qué componen una generación cubren un espacio de quince años, aunque, naturalmente, siempre coinciden, simultáneamente en el tiempo, varias generaciones.
Siguiendo la metodología descrita, voy a dividir mi estudio en períodos generacionales, y dentro de cada uno de ellos analizaré los siguientes aspectos: circunstancia social y técnica, la generación en sí misma y los acontecimientos acaecidos durante ese tiempo.
Generaciones.-
El primer dato subjetivo de este estudio es la identificación de las distintas generaciones. En mi opinión, el binomio generación/circunstancia me permite definir tres momentos cronológicos diferentes:
1955-1969. Nacimiento. 1970-1984. Expansión.1985 - 2000. Futuro.
Generación 1955-1969. Nacimiento.-

Alguien se preguntará por qué comienzo la historia de la nefrología en 1955; nuevamente es una decisión subjetiva, pero para mi muy evidente: ese año se inauguró la Fundación Jiménez Díaz, y esa institución y el espíritu de su creador (el Prof. D. Carlos Jiménez Díaz) ha marcado el comienzo de las especialidades médicas modernas en España.
En la década de los cincuenta, la Universidad española todavía sufría el efecto devastador de la guerra civil española; casi no había maestros, no había escuelas. Los médicos se graduaban y podían ejercer como tales sin haber visto nunca -repito, nunca- un enfermo, sin saber tomar la tensión arterial y mucho menos auscultar un soplo cardiaco o palpar un abdomen.

Los hospitales eran lugares de caridad, donde los pacientes iban a morir; los profesores y los pocos alumnos que habíamos tenido el privilegio de ser aceptados en sus cátedras los utilizábamos para aprender la nosología y la escasa terapéutica de aquellos años, limitada casi exclusivamente a la cirugía general y los antibióticos.

La Seguridad Social no existía; sí funcionaba el llamado Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), que proporcionaba a los productores (trabajadores de bajo salario) médico de cabecera, pediatría, obstetricia y cirugía general; los pacientes sólo podían ingresar en un centro sanitario si su enfermedad requería tratamiento quirúrgico. Este ingreso tenia lugar en las residencias del SOE o en clínicas concertadas, en las cuales era tratado por un equipo, no jerarquizado, compuesto por un cirujano, su ayudante y un anestesista.
Los recién licenciados que querían formarse adecuadamente no tenían ninguna ayuda económica; por las mañanas (de once a una) trabajaban con carácter voluntario en los hospitales; por las tardes intentaban subsistir haciendo guardias, etc. Los profesores y jefes clínicos de los servicios hospitalarios también estaban forzados a un horario semejante: de once a trece en el hospital; el resto del tiempo estaban obligados a trabajar fuera del hospital para mantener la economía doméstica.

Naturalmente, a pesar de este ambiente y estas condiciones socioeconómicas, siempre hubo catedráticos (Marañón, Jiménez Díaz, Soriano, Pons) que mantenían la ilusión de una buena medicina, de progreso y, como todos los auténticos maestros, eran capaces de transmitirla. Desgraciadamente, ya en la década de los cincuenta para hacer buena medicina era imprescindible usar una tecnología que no existía en España y que la buena voluntad de estos profesores no era capaz de proporcionar.
Así pues, la única solución para aquellos recién graduados en los cuales había crecido el entusiasmo de sus maestros era, precisamente, abandonarlos, emigrar. En esa época, decenas de grandes cerebros abandonaron España, quizás los mejores.
Aquellos que emigraban o se asomaban fuera de nuestras cerradas fronteras vieron que la medicina era otra cosa, que los pacientes ingresaban en el hospital para ser tratados, no para morir rodeados de caridad; que los licenciados podían formarse en los sistemas de internado (Francia, USA) y que los médicos podían dedicarse plenamente al hospital, a la enseñanza o a la investigación.
Los párrafos anteriores describen la situación socioeconómica de la medicina en España en el momento que yo sitúo la gestación y nacimiento de la nefrología. Pero ¿cuál era la situación científico-técnica de la medicina?.

Todavía no existía la palabra nefrología, pero había una explosión de nuevos conocimientos en el área del riñón; el mundo se había llenado de nefrófilos. La fisiología renal progresaba gracias a las técnicas de stop-flow; el conocimiento de las enfermedades se clarificaba mediante los estudios in vivo proporcionados por la biopsia renal (1951); la anatomía patológica se enriquecía con el estudio de las glomerulonefritis por R. Habib; el riñon artificial (W. Kolff) ya salvaba las vidas a los pacientes con fracaso renal agudo; un americano (B. H. Scribner) publicaba por primera vez (1959) el tratamiento mediante hemodiálisis de los pacientes con fracaso renal crónico; en París (j. Hamburger) y en Bostón (). P. Merril) se realizaban los primeros trasplantes renales con donante vivo consanguíneo. En 1960 apareció por primera vez de forma oficial la palabra nefrología y se creó la Sociedad Internacional de Nefrología y en 1963 la Asociación Europea de Diálisis y Trasplante (EDTA). Algo más tarde se descubría la primera droga inmunosupresora útil en el trasplante renal (Azathioprine, 1961) y poco después se iniciaban los trasplantes de cadáver.

Vemos, pues, que la generación del 55-69 se encontraba en una situación esquizoide: por un lado, unos hospitales de charanga y pandereta; por otro, una medicina internacional que alcanzaba logros nunca soñados hasta ahora (órganos artificiales y trasplantes); afortunadamente, esta generación supo escoger bien y, sin emigrar, fue capaz de salir, aprender y volver. El movimiento se inició en dos ciudades: Barcelona y Madrid. En Barcelona, en el Hospital Clínico y en el de la Santa Cruz y San Pablo, y en Madrid, en la Fundación Jiménez Díaz.
En el Hospital Clínico de Barcelona, L. Revert, L. Piera y A. Olmos crean la primera Unidad de Regulación Humoral y Diálisis. En Santa Cruz y San Pablo, de forma independiente, E. Rotellar realiza la primera hemodiálisis de España (1957) y G. del Río (Cátedra de Urología, profesor A. Puigvert) estudia extensa y profundamente las glomerulonefritis. A. Caraips, en la Cátedra de Urología (Prof. Gil Vernet), realiza el primer trasplante renal (1965).
En la Fundación Jiménez Díaz, L. Hernando, L. Sánchez Sicilia y J. Botella viajan respectivamente a Bostón, Cleveland y París y en 1962 crean el primer Servicio de Nefrología del Estado español, en el cual no sólo se hacía regulación humoral y diálisis, sino también nefrología en su totalidad.

En 1964 se produce un hecho trascendental para la medicina española. El Seguro Obligatorio de Enfermedad decide convertirse en Seguridad Social (S.S.) y acepta como modelo hospitalario el de los Estados Unidos, del cual la Fundación Jiménez Díaz era un ejemplo en España. Por ello decide algo tan lógico como ingresar en los hospitales a todos los pacientes que necesitasen asistencia hospitalaria, independientemente de la patología, médica o quirúrgica, que sufrieran. Los médicos estarían integrados en servicios jerarquizados y, a su vez, los servicios estarían coordinados todos entre sí; los médicos del hospital no provendrían de las Escalas del Seguro, sino que estarían contratados, y sus contratos serían renovables cada cuatro años. Además se creaba el sistema de internos y residentes (MIR) de la Seguridad Social.

El primer hospital fue el de Puerta de Hierro (Madrid), y su Servicio de Nefrología el primero de la Seguridad Social (J- Botella, 1964). Como el sistema funcionó de forma adecuada, la S.S. se expande y nace la actual red hospitalaria del país.
Como consecuencia de ello, y dentro de esta generación, se crean uno tras otro los siguientes servicios: Regulación Humoral y Diálisis de Vall d'Hebrón (Barcelona, L. Fiera), Nefrología de la Paz (Madrid, L. Sánchez Sicilia), virgen del Rocío (Sevilla, J. Mateos) y La Fe (Valencia, J. M. Cruz). No en la S.S., sino en el Hospital de la Diputación Provincial de Madrid y en la Cátedra de Urología (Prof. Peña, Madrid), se crean el Servicio de Nefrología (F. Valderrábano) y el Servicio de Regulación Humoral y Diálisis (M. T. D'0cón). Merece una mención especial la creación en Vall d'Hebrón (Barcelona) del primer Servicio de Nefrología Pediátrica (L. Callis), ya que esto significa el nacimiento en España de esta especialidad pediátrica.

Esta generación sintió pronto la necesidad de reunirse, de intercambiar conocimientos, dudas. Con este fin, el 27 de octubre de 1964, previo permiso de la autoridad gubernativa correspondiente, se reúnen por primera vez en el Hospital Clínico de Madrid los organizadores y simpatizantes de la asociación denominada Sociedad Española de Nefrología. La reunión estaba auspiciada por los Profesores Jiménez Díaz, Gilsanz y Ortiz de Landázuri, y su finalidad era constituir dicha asociación (SEN) y nombrar una junta Directiva provisional de la misma; con este último propósito se nombró presidente al profesor de Patología Médica de Madrid V. Gilsanz y secretario a L. Hernando.
A esta reunión asistieron “nefrófilos” de distintas áreas: patología médica, urología, anatomía patológica, pediatría, anestesia, etc. En total asistimos 49 personas, pero realmente nefrólogos sólo fuimos 22.
La primera reunión científica de la SEN se celebró en Madrid el 16 de junio de 1965 y versó sobre el síndrome nefrótico.
La primera Junta Directiva elegida democráticamente, mediante votación secreta, tuvo como presidente a L. Hernando y como secretario a J. Botella (11-10-68).
Los objetivos principales de esta Junta fueron tres: 1) mantener y mejorar el nivel científico de los nefrólogos; 2) definir con claridad qué era la nefrología, y 3) lograr una buena asistencia al enfermo médico renal. Lo primero era fácil de conseguir; bastaba facilitar el intercambio de conocimientos mediante las reuniones (congresos) de la SEN y estimular y facilitar la asistencia a los internacionales.
El segundo punto era más difícil. Como se ha visto, al acto constitucional de la SEN asistieron 49 personas, pero sólo 22 éramos nefrólogos. El resto provenían de las áreas que nos ayudaron a nacer, pero que, al mismo tiempo, se convertían en una dificultad para nuestra progresión. Para comprender esta situación basta ver que los Servicios de Nefrología del Vall d'Hebrón o del Clínico de Madrid se llamaban de Regulación Humoral. O como el primer trasplante, realizado gracias al tesón de A. Caraips, se hacía en una Cátedra de Urología.

¿Éramos parte de la Urología, de la Medicina Interna, de la Anestesia o de la Regulación Humoral? Hubo quienes quisieron que fuésemos parte de la Hemoterapia o del Departamento de Análisis. Por esta razón, en 1969 se presentó al Ministerio de educación y Ciencia un documento para El reconocimiento oficial cíe la Nefrología como especialidad médica independiente.
En dicho documento se define a la nefrología como la especialidad médica que comprende todos los problemas diagnósticos y terapéuticos de las enfermedades «médicas» renales, y más tarde dice: conviene insistir en que la nefrología es una especialidad procedente de medicina interna y conviene deslindar la independencia mutua de la Nefrología y la Urología.
Al ser aprobado este documento por la Asamblea General de la SEN quedaron zanjadas todas las discusiones y claramente definido qué era la nefrología y cuál debía ser la formación y el trabajo de un nefrólogo.
El tercer objetivo, la adecuada asistencia al enfermo nefrológico, no nos pareció al principio problemático, hasta que Cimino y Brescia describieron la fístula interna y los programas de hemodiálisis crónica fueron una realidad, y con ellos se inició el drama socioeconómico de nuestra especialidad.

Antes de concluir con el estudio de esta generación 55-69 quisiera hacer dos comentarios.
El primero, sobre la validez de la teoría de las generaciones en nefrología. Creo que una prueba a su favor es que, simultáneamente a la generación española, descrita en los párrafos anteriores, se desarrollaba la misma generación en toda Europa; bastará citar unos pocos ejemplos conocidos de todos los nefrólogos: V. Cambi, de Italia, pero perfeccionándose en Salt Lake City; J. S. Cameron, de U.K., pero en Bostón; H. Klinkmann, de Alemania, en Salt Lake City; C. Mion, Francia, en Seattie; S. Ringoir, Bélgica, en París; I. Taraba, Hungría, en Belfast; Yatzidis, Grecia, en París; C. van Ypersele, Bélgica, en París; P. Zucchelli, Italia, en Lyon.
Mi segundo comentario vuelve a ser algo subjetivo y consiste en hacer pública la deuda de gratitud que la nefrología española tiene con Francia y con la nefrología francesa. Gracias a las becas proporcionadas por la Embajada de Francia en España y a la acogida de los servicios de nefrología de los hospitales franceses, especialmente Necker-Enfant Malades (J. Hamburger y R. Habib), Edouard Herriot (J. Traeger), Pitié-Salpétrière (M. Legrain) y Saint Louis (J. Dausset), muchos nefrólogos españoles nos hemos podido formar o perfeccionar en nuestra especialidad. Por ejemplo, el año 1960 estábamos en la Ciudad Universitaria de París, becados por el Gobierno francés: J. Botella, L. Callis, A. Caralps y J.Rodríguez Soriano; cuatro años más tarde, uno creaba el primer Servicio de Nefrología de la S.S., otro la nefrología pediátrica, el tercero hacia el primer trasplante renal de España y el cuarto describía la acidosis tubular proximal.
Si estos ejemplos no bastan puedo intentar citar de memoria algunos de los becarios franceses que hoy día desempeñan puestos importantes en la nefrología española: J. Alsina (Bellvitge), j. Botella (Madrid), L. Callis (Barcelona), A. Caralps (Badalona), J. Egido (Madrid), J. L. Gallego (Segovia), A. Gonzalo Fonrodona (Madrid), V. Gutiérrez Millet (Madrid), R. Lauzurica (Badalona), E. López de Novales (Málaga), j. M. Mauri (Gerona), B. Ramos Frendo (Málaga), J. Rodríguez Soriano (Bilbao), J. A. Traver (Madrid) y bastantes más de los cuales o no estoy seguro o no conozco.
Generación 1970-1984. Expansión.-

El panorama social y médico ha cambiado totalmente entre esta generación y la precedente.
En España se ha producido la expansión económica secundaria al turismo; seguimos siendo un país pobre, pero se terminó la miseria. Durante los primeros años de esta generación se vive la dictadura y la lucha contra el régimen de Franco, tanto en la Universidad como en los hospitales. Más tarde, el período feliz, pero difícil, de la transición, y, finalmente, la libertad y la democracia.

A nivel internacional persiste el enfrentamiento de los dos bloques (Este/Oeste) que divide a la medicina en dos modelos distintos: el modelo URSS/Cuba y el modelo Francia/RFA. El mundo hospitalario español también ha cambiado radicalmente; la red hospitalaria de la Seguridad Social se ha extendido por todo el país; la calidad asistencial es muy aceptable; la S.S. hace acuerdos con el Ministerio de Educación y sus hospitales se afilian a las Facultades de Medicina o se constituyen ellos mismos en Facultad. Los médicos recién graduados ya no tienen que emigrar; no sólo se pueden formar bien en los núcleos de siempre (Barcelona, Madrid, Sevilla, etc.), sino que hay nuevos centros: Santander, Córdoba, etc. Además, el sistema de residencia les da un apoyo económico suficiente para poderse dedicar sólo al hospital. Igualmente, la red hospitalaria de la S.S., siempre en expansión, garantiza casi con seguridad un trabajo no sólo digno, sino también gratificante.

Los conocimientos y la técnica médica también han evolucionado rápidamente. La descripción de las fístulas internas, los trabajos de Mion sustituyendo el bicarbonato por acetato (lo cual permitió la automatización de los monitores de diálisis) y el uso de los dializadores desechables hacen que el tratamiento del paciente urémico crónico deje de ser un arte, o al menos un trabajo de artesanos, para convertirse en una industria.
Aparecen nuevas modalidades de tratamiento dialítico: hemodiálisis domiciliaria, hemofiltración, hemodiafiltración, diálisis peritoneal continua ambulatoria.
En el trasplante renal también se consiguen grandes avances. Los líquidos de perfusión de composición intracelular permiten el intercambio de riñones, una mejor histocompatibilidad y mejores resultados. La aparición de nuevas drogas inmunosupresoras, la ciclosporina entre ellas, también mejora los resultados, que superan a los conseguidos con las diálisis.
En la nefrología clínica o básica, los avances son menos espectaculares y su mayoría se deben a la inmunología, tanto en la comprensión de la etiopatogenia de las nefropatías como en la inmunopatología.
Los conocimientos y el tratamiento de la hipertensión arterial también progresan en gran manera.
Esta nueva situación social y médica condiciona una nueva generación de nefrólogos, la de 1970 a 1984, la generación que podría llamarse de la expansión.
Es imposible enumerar a esta generación; los miembros de la SEN pasan de 144 a 743, es decir, aproximadamente se multiplican por cinco.
España entera se llena de Servicios de Nefrología: Barcelona (J. Alsina), Bilbao (J. M. Chacón), La Coruña (J. Oliver), Madrid (J. Ortuño -Ramón y Cajal-), J. L Rodicio -12 de Octubre-), Málaga (J. L. Martínez), Murcia (M. Rodríguez Girones), Oviedo (J. Alvarez Grande), Santander (C. Llamazares), Toledo (J. Conde) y un larguísimo etcétera. Según los anuarios de la EDTA, en esta generación, es decir, de 1970 a 1984, el número de centros de diálisis en España pasó de 14 a 198.

Durante estos quince años se celebraron de forma ininterrumpida los Congresos de la SEN; es de resaltar que el año 1973, en el Congreso de Santander (todavía en la dictadura), se produjo un cambio cualitativo. Por primera vez hay actos sociales y se invita a ellos a las autoridades políticas.
En estos años también se renuevan regularmente las Juntas Directivas de la SEN y los sucesivos presidentes elegidos fueron: L Revert, J. L Rodicio, L. Sánchez Sicilia y J. Alvarez Grande; con ellos actuaron de secretarios: L. Sánchez Sicilia, F. Valderrábano, P. Barceló y J. M. Alcázar de la Ossa.

A pesar del cambio tan favorable del entorno social y médico, los nefrólogos españoles nos enfrentamos los primeros años de esta generación con serios problemas. El más grave, sin duda, y el que primero analizaré, fue la desproporción entre las necesidades de la población a tratar y los medios a nuestro alcance. España, como absolutamente todos los países del mundo, desde los más capitalistas a los más socializados, era incapaz de tratar a todos los pacientes con fracaso renal crónico. Como consecuencia de esta situación, los nefrólogos veíamos morir, teníamos que dejar morir, a cientos de personas. Una vez cubiertos todos los puestos de la unidad de diálisis, el resto de los pacientes morían; no importaba su edad o su situación personal.
Esta realidad angustiosa y frustrante marcó a esta generación y a la SEN. Tan precozmente como el año 1970, la SEN es consciente de este problema y la Asamblea General encarga a su secretario (J. Botella) una reunión extraordinaria en el Hospital Puerta de Hierro para analizar El problema de la diálisis a nivel nacional.
La reunión se celebró en diciembre de 1970; después tuvo lugar una segunda en Barcelona. El resultado de estas reuniones fue, en primer lugar, conocer por primera vez la incidencia de la uremia crónica y las necesidades de unidades de diálisis en España, y, en segundo lugar, la redacción de un documento que sirviese de base y guía para un Plan Nacional de Lucha contra las Enfermedades Renales.

No obstante, el tiempo pasaba, la situación no se resolvía y el clima de tensión alcanzó su máximo grado en la Asamblea General de 1977 (San Sebastián), donde, por un lado, se convocó una reunión paralela con el título de Economía y Diálisis y, por otro lado, la Asamblea aprobó unos nuevos Estatutos de la SEN.
En este clima de tensión, el Libro de Actas de la SEN recoge frases como éstas:
“En el fondo se plantea si los fines de la SEN deben ser exclusivamente científicos, o la Sociedad debe velar por los enfermos, o solamente debe proteger a los privilegios de los nefrólogos”.Debe existir un plan de salud donde los médicos sean exclusivamente asalariados”. “En la comisión que estudie la calidad y costos de la diálisis se deben incluir a las centrales sindicales”.

En el Libro de Actas no queda reflejado, pero también nos explicaron, con asombro por parte de los nefrólogos de Pamplona, que Navarra ya no se llamaba Navarra, sino Nafarroa, y que pertenecía a Euskadi.
De esta situación salieron dos cosas: un Plan Nacional de Nefrología, que se entregó en el Ministerio de Sanidad, y unos nuevos Estatutos de la SEN.
Quizá el Ministerio no hizo nunca caso, de manera oficial, al Plan de la SEN, pero de hecho la mayoría de sus objetivos se han logrado. En cuanto a los nuevos Estatutos, entre otras cosas trajeron dos hechos. Por un lado, los expertos que debían seleccionar los trabajos científicos enviados al Congreso, que por tanto eran responsables del programa científico del mismo, eran elegidos por votación en la Asamblea. Esto daba lugar a que no siempre las personas elegidas fuesen expertas en los temas que debían juzgar o, como ocurrió en la Asamblea de Tenerife, donde cuatro expertos fueron elegidos por haber recibido respectivamente cada uno de ellos la abrumadora cantidad de 11, 10, 9 y 9 votos. Afortunadamente, este sistema se abandonó y en la actualidad la selección de los trabajos se hace exclusivamente en base a sus méritos científicos.
La otra consecuencia del cambio de los Estatutos deriva de los artículos 17 y 18, que dicen: “Los puestos de la Junta Directiva se renovarán cada tres años... cuando esté incluido en una candidatura independiente”. Es decir, estos artículos, en teoría, dejan libre la posibilidad de dos tipos de candidatura: la «lista cerrada» y los independientes; pero, de hecho, al renovarse simultáneamente todos los puestos de la Junta Directiva, la única posibilidad de salir elegido es estar integrado en una lista. El tiempo ha demostrado esto: desde que se aprobaron los nuevos Estatutos sólo ha habido “listas cerradas”. Esto es algo que puede ser juzgado de distintas maneras, pero, sin duda, es una situación única en las sociedades científicas del mundo occidental.

Esta generación fue protagonista de otros muchos acontecimientos importantes. Continuando con la vida de la SEN, se consiguió, por fin, después de seis años de lucha, que el 18 de febrero de 1977 se aprobase la Nefrología como especialidad independiente.
En 1981, la SEN inicia la publicación de su propia revista nefrología y nombra director y redactor jefe de la misma a L. Hernando. Siguiendo el modelo, o incluso anticipándose a él, de la España de las autonomías, se constituyeron Sociedades Nefrológicas en Aragón, Asturias-León-Castilla, Canarias, Cataluña, Galicia, Norte (Navarra, País Vasco, Santander), Sur (Andalucía, Extremadura) y Valencia. Todas estas sociedades han impulsado el desarrollo científico y asistencial en sus áreas geográficas, contribuyendo a mejorar la calidad del tratamiento recibido por los pacientes en todo el Estado español.
También durante estos años se consiguió la aprobación de la Ley de Trasplante de Órganos, en la cual se legalizaba una práctica hasta entonces ilegal, pero que todos los trasplantadores realizábamos: Aceptar el concepto de muerte cerebral y, por consiguiente, la extracción de los riñones con el corazón latiendo. Otro principio importante legalizado en esta Ley fue que todos los españoles somos donantes de órganos si no hemos expresado nuestra opinión en contra de ello.

En 1970 y en 1982 se celebraron en Barcelona (E. Rotellar) y en Madrid (J. Botella) los Congresos de la Asociación Europea de Diálisis y Trasplante (EDTA).
En estos quince años se produjeron otros hechos, pero la gran conquista de este período fue asegurar a todos los españoles con fracaso renal crónico un tratamiento dialítico adecuado.

Al terminar el análisis de esta generación creo que debo resaltar una realidad y quizá hacer una interpretación subjetiva sobre la misma: la relación entre política y nefrología. Si hacemos un análisis objetivo de la realidad objetiva, veremos que están, o han estado en política, bien política sanitaria, bien política con mayúsculas, un número elevado de nefrólogos; sin pretender nombrarlos a todos, puedo citar de memoria las siguientes personas: F. Álvarez Ude. F. Carrera Carbó, F. Cervino, J. Conde, R. García Damborenea, M. A. Gentil Govantes, L. Hernando, C. Llamazares, J. Luño, J. L. Martínez, R. Matesanz, F. Ortega, J. Ortuño, T. Ortuño, R. Selgas, J. L. Temes.
Sin juzgar si para el normal desarrollo científico de la especialidad ha sido buena una densidad tan grande de actividad política, me gustarla avanzar alguna explicación a este hecho. Creo que han sido varias las razones de este binomio nefrología/política, algunas de las cuales intento exponer a continuación:
La expansión de la nefrología se produce poco después del mayo del 68, cuando los jóvenes esperaban (o, si me lo permiten, esperábamos) poder cambiar el mundo.
En sus años de estudiantes, en la Facultad, esa generación habla vivido intensamente la lucha universitaria contra el franquismo.
Esa generación conocía los mecanismos para organizarse en la clandestinidad, y el sistema de residentes, junto con las huelgas de los hospitales (H. Francisco Franco, Madrid, 1971), les dio la ocasión para desarrollar su potencial ideológico.
La nefrología era una especialidad joven, sin estructuras establecidas y, por tanto, posible de amoldar a sus ideas.
La nefrología concentraba en unas pocas manos y en unos pocos servicios una gran capacidad conflictiva: La muerte del urémico por falta de tratamiento.
Todo esto hizo que algunos nefrólogos descubrieran la política dentro de la especialidad, pero que algunos otros se hicieran nefrólogos después de ser políticos, precisamente por ser políticos, ya que la diálisis era un arma que ni los Estados Unidos de América habían sido capaces de desactivar.
Generación 1985-2000. El futuro.-
Es difícil analizar una generación de la cual, hasta este momento (verano de 1992), sólo ha transcurrido menos de la mitad del tiempo que le concedemos; por esa razón a esta generación se le puede llamar el futuro.
A pesar de esta evidente dificultad de estudio, voy a intentar un análisis y una metodología semejante a la utilizada para la descripción de los dos periodos previos.
En este periodo España se ha incorporado a Europa de manera definitiva, y Europa, si consideramos la totalidad de Europa, no sólo el Mercado Común, está en crisis. El Muro de Berlín ha sido derribado, el PCUS se ha disuelto e incluso la URSS se ha desintegrado.
España no es ajena a esta problemática y la Sanidad española también está en crisis o, al menos, en reestructuración.
La nefrología es una especialidad hospitalaria y, fundamentalmente, de hospitales de la Sanidad Pública, Los Servicios de Nefrología también están en crisis, y quizá en una crisis mayor que los servicios de otras especialidades.
Hemos visto que la gran expansión de la nefrología ocurrió en la generación anterior; durante esos quince años se crearon la mayoría de los servicios y se completaron sus plantillas. En gran parte de los hospitales las plantillas están, en cierto modo, hipertrofiadas para poder hacer frente a las guardias. Por otro lado, la pérdida del poder adquisitivo de los médicos de hospitales hace que la economía individual dependa en exceso de estas guardias.
Este conjunto de médicos, relativamente jóvenes, de una edad semejante, que no ven en un futuro próximo posibilidades de progresar, está creando una generación desilusionada, que ha pasado de las grandes expectativas de mayo del 68 a la guardia cotidiana y rutinaria.
Además, en la mayoría de los servicios la patología a estudiar y tratar ha cambiado. El 75 % de nuestro tiempo lo tenemos que dedicar al urémico crónico, más concretamente al paciente en diálisis; casi han desaparecido los bellos casos de síndrome nefrósico o de enfermedades sistémicas. La nefrología clínica nos ocupa menos del 25 % de nuestro tiempo
Los fracasos renales agudos están pasando a manos de los intensivistas y recuperadores y, si no estamos muy atentos, los trasplantes renales pasarán a manos de los “trasplantólogos”.
Estos son los Servicios de Nefrología que se encuentra la generación del futuro; pero durante estos últimos quince años, ¿cuál ha sido la evolución de la realidad médica? Por una parte, ha cambiado el tipo de paciente que tratamos, la edad media de nuestros enfermos está constantemente aumentando y Nefrología, como cualquier otro servicio del hospital, se está convirtiendo en geriatría.
Los trasplantes renales, afortunadamente cada día más numerosos, están vaciando las unidades de diálisis de pacientes sin patología asociada y, por el contrario, nos están dejando la secuela de los trasplantados que han rechazado el riñón.
Otro paciente cada día más frecuente es el “urémico” por padecer una nefropatía diabética, asociada, naturalmente, a una vasculopatía generalizada: ojos, cerebro, miocardio, extremidades, etc.
Por otro lado, y seguramente como consecuencia de esta patología de alto riesgo, están surgiendo nuevos recursos terapéuticos. La ingeniería genética y la biología molecular nos han traído la eritropoyetina humana recombinante. Las nuevas vitaminas D nos permitirán controlar la osteodistrofia renal y los avances en endocrinología harán posible el tratamiento de la disfunción gonadal urémica y los trastornos sexuales.
La tecnología de la diálisis, las nuevas membranas, la incorporación de los ordenadores en los monitores de diálisis y la miniaturización permitirán la aparición de técnicas de “biofeedback” y, como consecuencia de todo esto, una depuración sanguínea más fisiológica y eficaz.
Las nuevas drogas inmunosupresoras mejorarán los resultados de los trasplantes renales.
¿Quiénes son los protagonistas de esta generación? Naturalmente, todavía no los podemos identificar bien; los vemos presentar trabajos en los congresos nacionales e internacionales, pero todavía no los conocemos; quizá empezamos a recordar sus nombres: Ricardo, Alejandro, Carmen, Julio, Fernando...
A pesar de este panorama complejo y difícil, esta etapa de la nefrología ya ha producido resultados muy interesantes. Lo más digno de resaltar es el despegue de los trasplantes renales. En estos momentos, España se sitúa entre los tres o cuatro países europeos que realizan más trasplantes con riñón de cadáver.
La SEN, con su nueva Junta Directiva (presidente, F. Valderrábano y secretario, D. Sanz Guajardo), ha batido todos los récords de asistencia a los Congresos Nacionales y de comunicaciones presentadas en los mismos.
Igualmente, la revista Nefrología ha iniciado un nuevo rumbo con un nuevo director, R. Matesanz.
La nefrología se ha asentado definitivamente en la Universidad y ya hay cuatro cátedras de nuestra especialidad: Barcelona (L. Revert), Córdoba (P. Aljama), Salamanca (J. M. Tabernero) y Valladolid (J. Bustamante).
Igualmente, la nefrología española ha sido aceptada por derecho propio en los ámbitos internacionales. En España se ha celebrado otro Congreso de la EDTA-ERA (J.Botella) y se van a celebrar los Congresos Internacionales de Hipertensión (J. L. Rodicio) y de Nefrología (L. Hernando). Los españoles forman parte de los comités de redacción de las revistas internacionales Artificial Organs, Kidney International, journal of Nephrology, Nephrology Dialysis Transplantatíon, etc. Igualmente, los españoles forman parte de los Consejos Directivos de estas sociedades internacionales 0. Botella, L. Hernando, J. L. Rodicio, F. Valderrábano) y un español es el presidente de la Asociación Renal Europea-EDTA (J. Botella).
Una vez más, una generación, la del futuro, se encuentra en una situación difícil y ambivalente: los resultados objetivos conseguidos en estos primeros seis años de su vida generacional son magníficos, pero la situación real en la cual viven es muy preocupante.
Pero las dos generaciones que les hemos precedido esperamos que, como suele ocurrir, los grandes hombres y mujeres y las grandes soluciones se generen en las épocas difíciles. Como dice Ortega y Gasset, el ave no puede protestar de la resistencia que el aire ofrece a sus alas; vuela gracias a ella.

Epílogo.-
Tal como se planteó al comienzo de este ensayo, uno de los objetivos del estudio de la historia es intentar encontrar las claves del futuro; en este sentido, ¿en qué nos puede
ayudar el análisis anterior? En mi opinión, las enseñanzas de este trabajo se podrían establecer a tres niveles distintos: uno general, casi filosófico; otro cotidiano y un tercero, de nivel intermedio.
Las conclusiones de orden general son redescubrir algo sabido por todos: para construir algo serio e importante es necesario el esfuerzo conjunto de varias generaciones. Si analizamos cualquier período de los descritos en este trabajo, siempre vemos a tres generaciones trabajando simultáneamente. En estos momentos, la dirección de la nefrología (la SEN) está llevada por la segunda generación; el trabajo cotidiano, la vida de los congresos, lo empieza a llevar la tercera, pero la primera está abriendo la puerta de la nefrología internacional. Aprendamos a convivir todas las generaciones, seamos concurrentes, pero no adversarios.
Las conclusiones de orden intermedio serían, quizá, acabar con algunos tabúes. Entre ellos destacaría los dos siguientes:
El del médico-máquina. Los nefrólogos que se dedican exclusivamente a la depuración sanguínea no son médicos-máquinas, tienen un nivel intelectual y científico tan bueno como el investigador básico.
El de la torre de marfil. El nefrólogo debe dejar de ser un médico exclusivamente de hospital; estamos perdiendo la hipertensión y nos estamos agolpando en los servicios hospitalarios.
Las conclusiones de orden cotidiano serían demasiadas y alargarían excesivamente este epílogo.
No obstante, me permitiría hacer una última reflexión, dirigida fundamentalmente a la generación de/ futuro. El pensamiento más antiguo de la humanidad; y uno de los más profundos está recogido en los Vedas; para ellos la vida se puede representar en la danza cósmica de Shiva; es un círculo, asentado en la ignorancia, donde todo nace, crece y muere, a no ser que Shiva sea capaz de dar el paso en la dirección acertada, la del Conocimiento. Esperemos que esta generación sepa dar el paso adecuado.

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PARAGUAY
S. C. Franco Bobadilla
Sociedad Paraguaya de Nefrología.

Como en muchos países y en Paraguay, los primeros casos de pacientes renales han sido vistos y atendidos en los Servicios de Cirugía y Clínica Médica, denominándolos con el nombre genérico de “nefritis” o nefropatía tubular aguda en las intoxicaciones.
En 1925 es creada la Clínica Urológica para la atención de pacientes que requerían cirugía dentro de la especialidad, siendo sus integrantes urólogos en su mayoría, los cuales fundan la Sociedad Paraguaya de Urología el 19 de abril de 1951.
Entre los años 1959 y 1960 viajan al extranjero los primeros médicos paraguayos, internistas que habían completado su formación en medicina interna, con el objeto de adquirir en escuelas extranjeras la formación necesaria de nefrología. Así, Roberto Cioccioli va a los Estados Unidos de Norteamérica; María Teresa Rivarola de Valiente, a Francia; Enrique Inchausti, a Bélgica, y, más tarde, Rogelio Arnaldo Centurión a Argentina, los cuales, con el conocimiento y el entrenamiento recibido, pueden desenvolverse con soltura en su país de origen; incluso muchos de ellos llegan a desarrollar la docencia universitaria, colaborando en la formación de numerosos médicos. Por otra parte, la brillante formación recibida ha permitido salvar muchas vidas, pero ninguno de estos médicos pudieron ver coronados sus esfuerzos por no contar con un riñón artificial. A comienzos de 1962 vuelve de los Estados Unidos de Norteamérica el doctor Hernán Ortiz Molinas trayendo el primer riñón artificial. Se trataba de un viejo modelo Travenol, que utilizaba Coils, con el que se dializaron los primeros pacientes.
Existen numerosas anécdotas de las primeras diálisis, pero más vale mencionar los numerosos casos de pacientes con insuficiencia renal aguda por mordedura de víbora cascabel, en quienes cambió el curso evolutivo de su enfermedad, pues anteriormente morían en forma inexorable. Por entonces, las diálisis se realizaban en la Cátedra de Semiología, dirigida por el profesor Gustavo González, siendo presenciadas por médicos y estudiantes de medicina; los colaboradores para la realización de las mencionadas sesiones eran cirujanos en la búsqueda de accesos vasculares, entre los que cabe mencionar a los profesores Miguel Ángel Martínez Yaryes y Enzo Di Tore. El doctor Roberto Ciccioli, de vueíta al Paraguay, implanta el sistema de diálisis peritoneal para todos los pacientes agudos de todas las cátedras de enseñanza con muy buenos resultados.
El doctor Hernán Ortiz Molinas emigra a Uruguay, donde se radica al no encontrar el ambiente de trabajo que hubiera deseado, produciéndose un vacío importante al faltar sus conocimiento tanto para sus colegas como para los pacientes.
En el año 1962, la Cátedra de Semiología obtiene un riñón artificial donado por el Catholic Relief Service, que permite realizar las diálisis de los pacientes del Hospital de Clínicas; sin embargo, los demás servicios tienen que continuar con la diálisis peritoneal. Por esta época se inician las primeras biopsias renales, muchas de ellas a cielo abierto con la técnica de Hamburguer, donde sobresalen numerosos urólogos, como el profesor Rafael F. Lebrón, con una técnica depurada.
En 1966, la Sociedad de Urología pasa a denominarse Sociedad de Urología y Nefrología de Paraguay, pasando la mayoría de los nefrólogos a formar parte de ella, tras la presentación de sus trabajos correspondientes y la aprobación de los mismos.
En junio de 1966 se crea el Departamento de Nefrología de la Tercera Cátedra del Hospital de Clínicas, bajo la dirección y orientación del doctor Roberto Ciccioli, que posteriormente se convertirá en centro formador de numerosos nefrólogos y colaborador en la formación integral del estudiante de medicina.
En 1968 regresa el doctor Rogelio Arnaldo Centurión Silva del Instituto de Investigaciones Médicas de Buenos Aires, trayendo consigo un riñón artificial modelo Kiil, plancha tipo Multípoint, favoreciendo a un numeroso grupo de pacientes de la Primera Cátedra del Hospital de Infecciosos del Instituto de Previsión Social y del Policlínico Policial, utilizando por primera vez las cánulas de Scribner, con gran aceptación y de forma rutinaria.
En 1970 es fundada la Sociedad Latinoamericana de Nefrología en la ciudad de Córdoba (Argentina), siendo su primer presidente el profesor Víctor Miatello, de Argentina, quien posteriormente fue consejero vitalicio hasta su muerte; Paraguay es representado por el doctor Roberto Ciciolli, quien firma el acta de fundación de la Sociedad.
En octubre de 1970 es creado el Servicio de Nefrología del Instituto de Previsión Social, tratando fundamentalmente a agudos con diálisis peritoneal, bajo la orientación de los doctores Rogelio Arnaldo Centurión y Pedro Barudi, al carecer por entonces de un riñón artificial. Al mismo tiempo, el doctor Centurión, bajo cuya supervisión fue creada esta unidad, acude al Hospital de Enfermedades Infecciosas -Primera Cátedra del Hospital de Clínicas, cuyo servicio está a cargo de uno de los maestros de medicina interna paraguaya, el profesor Carlos María Ramírez Boettner-, realizando diálisis peritoneal a un número grande de pacientes, totalizando más de 1.000 casos de diálisis peritoneal en agudos, llegando a ocupar uno de los primeros lugares en Sudamérica por su casuística. Incluso presenta en el año 1974, en el II Congreso Latinoamericano de Nefrología, conclusiones muy importantes para la época. A este Congreso, el doctor Centurión lleva dos trabajos muy importantes: el primero sobre síndrome hepatorrenal -presentación clínica, fisiopatología y presentación de casos- y el segundo sobre ofidismo y riñón, que posteriormente se convertiría en su trabajo de tesis en el año 1982, presentado y aprobado en la Facultad de Ciencias Médicas, con lo que opta al título de profesor asistente de la mencionada Facultad. A su vuelta de Buenos Aires, el doctor Rogelio A. Centurión trae consigo un riñón artificial tipo Kiil de placas paralelas, según ilustra la fig. 1. Con esta máquina comienza a realizar nemodiálisis en centros privados, como el Sanatorio Portman, con muy buenos resultados, favoreciendo a numerosos pacientes del Hospital de Clínicas, del Hospital de Infecciosos, del Instituto de Previsión Social, de la Sanidad Policial y otros,
En 1971 es fundada en Asunción la Sociedad Paraguaya de Nefrología, siendo su primer presidente el doctor Roberto Ciccioli; secretario general, el doctor Rogelio Arnaldo Centurión, y miembros, la doctora María Teresa Rivarola de Valiente y los doctores Juan Carlos Franco y Enrique Inchausti.
En 1972 se ratifica la fundación de la Sociedad Latinoamericana de Nefrología en la Ciudad de México D.F., representando una vez más a Paraguay el doctor Roberto Ciccioli.
En junio del mismo año es inaugurado el Departamento de Nefrología de la Cátedra de Semiología Médica, gracias al apoyo del Club de Leones de Cristo Rey, que con sus donaciones ha dotado parte del equipamiento necesario para que funcione dicha unidad.
En el mismo año se implanta un programa de crónicos en el Instituto de Previsión Social, llegándose al primer trasplante de riñón de los hermanos Moran en marzo de 1978.
Entre 1972 y 1974, el Instituto de Previsión Social compra un riñón artificial tipo extracorporeal, beneficiando a un número creciente de pacientes de los distintos servicios. El doctor Centurión utiliza, con mucho éxito, la cánula de Scribner como acceso vascular para agudos. En la fig. 3 se aprecia al paciente con la mencionada cánula.
En el año 1977, el Instituto de Previsión Social decide renovar su unidad de diálisis, adquiriendo ocho riñones artificiales, de procedencia norteamericana, ante el número cada vez mayor de pacientes en programa de hemodiálisis periódicas.
En 1978 se produce el primer trasplante de riñón en Paraguay en el Instituto de Previsión Social, efectuado por el equipo integrado por los doctores Balanza, Centurión y Cano Ortiz. En 1981, después de un buen tiempo, es reorganizada la Sociedad Paraguaya de Nefrología con una nueva comisión directiva integrada por el doctor Roberto Ciccioli como presidente, el doctor Arnaldo Centurión como vicepresidente, el doctor Wilson Martínez como secretario, el doctor Fernando Llamosas como secretario de actas y como tesorera a la doctora María Teresa R. de Valiente; como vocales, a los doctores Carlos Centurión y José L. Insfrán Q, y como síndicos, a los doctores Fernando da Ponte y Felipe Recalde.
En el mismo año se crean los Servicios de Nefrología en la Primera Cátedra de Clínica Médica, a cargo de los doctores Centurión y Santa Cruz, y en la Segunda Cátedra de Clínica Médica, a cargo de los doctores Wilson Martínez y Carmen Duarte.
Entre los años 1980 a 1981 retornan al país los doctores Francisco Santacruz, proveniente de Lyon (Francia), y Wilson Martínez, desde los Estados Unidos de Norteamérica, constituyendo ambos la segunda generación de nefrólogos de Paraguay, integrándose a la docencia universitaria y aportando los conceptos más modernos de las dos escuelas más importantes del mundo, la europea y la norteamericana.
En 1984 se renueva la Comisión de la Sociedad Paraguaya de Nefrología, quedando constituida de la siguiente manera: presidente, doctor Rogelio A. Centurión; vicepresidente, doctora María T. R. de Valiente; secretario general, doctor Wilson Martínez; tesorero, doctor Francisco Santacruz; secretario de actas, doctor Carlos Centurión, y vocales, el doctor Pedro Barudi y la doctora Carmen de Duarte. En 1985 se realizan los primeros trasplantes de riñón en el Hospital de Clínicas con muy buenos resultados, a pesar de las dificultades existentes por la precariedad de medios en que se desenvolvían. Tuvieron destacada participación los doctores Silvio Díaz Escobar, José Corvalán, Víctor Rodas, Hernán Codas, Wilon Martínez y Carmen de Duarte.
Por esta misma época se reactivan los trasplantes en el Instituto de Previsión Social, llegando a realizarse más de 15, la mayoría de ellos con muy buenos resultados. Tuvieron una activa participación los doctores Rogelio A. Centurión, Enrique Pin, Amado Cano OrtizyAlcides Oviedo. A este equipo se adhirió en varias oportunidades el doctor Antonio Marmo Lucón, de San Pablo (Brasil), aportando su experiencia de más de 1.000 casos de trasplantes realizados en su país en el servicio del doctor Emil Sabbaga.
En 1985 es presentada, por primera vez al Parlamento Nacional, el anteproyecto de ley para la creación del Instituto Nacional de Nefrologia y Banco Nacional de Órganos y Tejidos. Estudiado el anteproyecto por ambas Cámaras del Parlamento, es aprobada por unanimidad, elevándose al Poder ejecutivo para su aprobación; sin embargo, dicha ley no fue promulgada hasta el año 1990. En el momento actual nos encontramos abocados a la puesta en práctica de la mencionada ley, con el consiguiente beneficio para los numerosos pacientes que requieren de diálisis y trasplantes.
Entre los años 1984 y 1985, después de tres años de formación en la especialidad, regresan al país los doctores Silvio Franco, de Madrid (España); Fernando da Ponte, de Lyon (Francia), y la doctora Virginia Franco, de París (Francia), pasando a integrar una nueva generación de nefrólogos. El doctor Franco trae e impone la técnica de la punción vena-vena de la femoral como acceso vascular en agudos, técnica utilizada con mucho éxito hasta la actualidad en los distintos centros del país. El doctor Fernando Da Ponte emigra a Argentina y trabaja allí con mucha eficacia. Por la misma época regresa de Lyon (Francia) el doctor Carlos Cardozo, utilizando con mucha suficiencia el catéter subclavio como acceso vascular en agudos.
En 1987 es renovada la Comisión directiva de la Sociedad, siendo presidida por la profesora doctora María Teresa Rivarola de Valiente. La mencionada Comisión, con esfuerzo y dedicación, logra realizar el Primer Simposio Paraguayo de Nefrología, contando con la presencia de numerosos especialistas extranjeros de las distintas escuelas del mundo, tales como Alemania, Japón, España, Brasil, Argentina, dándole a este Simposio un nivel de categoría; asimismo, la presencia de los colegas nacionales ha sido numerosa, configurando un marco apropiado para el intercambio de conocimientos.
Asimismo, se obtiene la personería jurídica de la Sociedad, haciéndose numerosas gestiones ante el Parlamento para la promulgación de la ley que crea el Instituto Nacional de Nefrología y el Banco Nacional de Órganos y Tejidos Humanos.
En el mismo año es creada la Asociación para la Lucha contra las Enfermedades Renales en Paraguay (ALCERPA), siendo su primer presidente el doctor Carlos Renault, recibiendo todo el apoyo necesario de la Sociedad Paraguaya de Nefrología y de cada uno de sus miembros. En un corto período de tiempo obtienen importantes logros en el campo gremial para sus asociados.
Desde el año 1985, la Sociedad Paraguaya de Nefrología ha tomado nuevos impulsos en el campo científico gracias a la presencia anual de numerosos colegas del extranjero, siendo Francia la que fundamentalmente ha dado un aporte significativo con las realizaciones anuales de las Jornadas Franco-Paraguayas, con asistencia de especialistas de primer nivel, entre los que cabe citar aTraeger, Deteix, Laurent, Zech, Labeeuw, así como de otros países, como McMaster, De Broe, Hernando, Sabbaga, Challú, etc.
En 1991 es renovada la Comisión directiva de la Sociedad, quedando integrada como sigue: presidente, doctor Silvio Franco; vicepresidente, doctor Francisco Santacruz; secretaria general, doctora Virginia Franco; secretario de actas, doctor Antonio Guanes; tesorero, doctor Carlos Centurión; vocales, doctores Jorge del Puerto y Juan Escobar; síndicos, doctora Carmen de Duarte y doctor Carlos Cardozo. Esta Comisión se halla abocada a numerosas actividades científicas y de otra índole, entre las que cabe citar: haber dado prioridad a la presencia de miembros al Primer Congreso Hispanoamericano de Nefrología, publicaciones científicas, puesta en práctica de la ley de nefrología, admisión de nuevos socios y asistencia a Congresos regionales, etc.
Actualmente existen 35 dializados crónicos por millón de habitantes, casi todos bajo el régimen del Instituto de Previsión Social (Seguridad Social). Numerosos centros privados prestan servicios en hemodiálisis, todos ellos ubicados en la capital, no existiendo centros en el interior del país. Los principales en la capital son los siguientes: Sanatorio Americano, Cruz Blanca, Sanatorio Español, Italiano, Portman, San Luis y El Samaritano. El trabajo actual de la Sociedad Paraguaya está centralizado hacia los siguientes objetivos:
1. Obtención de un Plan Nacional de Diálisis.
2. Ley de Trasplante de Órganos y Tejidos.
Un grupo de médicos, encabezados por los doctores Hernán Codas y W. Martínez, activan realizando trasplantes de riñón en medios privados con muy buenos resultados.
En el transcurso de 1991 han llegado al país los primeros nefrólogos infantiles, llenando un vacío importante para los numerosos pacientes de esa difícil disciplina.
Cabe citar a las doctoras Leticia Florentín, Diana Báez y Ana Lascurain de Arza.
Actualmente todos los casos de IRA son tratados eficazmente en medio UTI tanto en adultos como en niños.
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PERU



H. Castillo
Presidente de la Sociedad Peruana de Nefrología.

En Perú, la especialidad de la nefrología se inicia en la ciudad de Lima, en sus aspectos asistencial, docente y de investigación, aun cuando no se tiene una fecha marcada por un acontecimiento importante para considerarla como punto de partida.
La forma de inicio y las características de su desarrollo en cada centro hospitalario han tenido ciertas peculiaridades que han marcado un hito en cada sede y que merecen ser conocidas por los relatos que nos hacen sus principales protagonistas.

1. Nefrología en el Hospital Dos de Mayo.-
J. Zegarra
Profesor principal de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima.

El Hospital Dos de Mayo tiene una gloriosa historia: el sacrificio de Daniel Alcides Carrión, que constituye para los médicos peruanos un símbolo para perseverar y superarse en el campo de la medicina.
Este Hospital fue fundado el 28 de febrero de 1875 como el primer hospital de Sudamérica, y en él se han desarrollado actividades asistenciales, docentes y de investigación al más alto nivel. Por esta razón se le ha considerado como la más antigua Escuela de Medicina de Perú. Actualmente todas las Facultades de Medicina de Lima ejercen actividades docentes en el Hospital Dos de Mayo.
La nefrología moderna se inicia en 1931 con el profesor Sergio Bernales con la aplicación de los conocimientos sobre las enfermedades renales establecidos por Volhard y Fahr. El doctor Bernales practicó con frecuencia autopsias de los casos fallecidos por nefropatías, indicando el estudio anatomopatológico al doctor José Jiménez, jefe del Servicio de Patología, y posteriormente a los doctores Oscar Urteaga Ballón y Pedro Larrea Ramírez.
El que suscribe este capítulo se desempeño inicialmente como médico asistente en la Sala Julián Arce desde 1942 y posteriormente en la Sala San Pedro, ambas bajo la jefatura del doctor Sergio Bernales, recibiendo las enseñanzas del recordado maestro. En 1962 obtuve la jefatura de la Sala Santa Ana, servicios de emergencias e interconsultas en los distintos Servicios de Medicina y Cirugía. El 10 de febrero de 1970 fui nombrado jefe del Servicio de Nefrología, consiguiendo luego la construcción de un ambiente para efectuar diálisis peritoneales en la Sala Santa Ana. Hasta diciembre de 1982 se efectuaron numerosas diálisis peritoneales con éxito. En 1972 organicé el grupo nefrológico constituido por el que escribe esta nota, la doctora Luzmila Molina y el doctor Rómulo Olivo Varas.
Posteriormente, una comisión de especialistas que presidí estableció que el Hospital Dos de Mayo poseía la infraestructura quirúrgica adecuada para efectuar trasplantes renales. La dirección del Hospital, en documento del 18 de julio de 1977, expresó que a partir de 1978 se iniciaría el programa de trasplante renal. Durante este año, la dirección del Hospital recibió en donación dos riñones artificiales que no pudieron funcionar y las gestiones para culminar la organización de la unidad renal no lograron éxito. En la actividad docente, el Hospital Dos de Mayo ha desempeñado un importante rol en la enseñanza de la nefrología. Hasta la creación de nuevas Facultades de Medicina era la única sede en donde se enseñaba la especialidad. El doctor Sergio Bernales tuvo a su cargo la Cátedra de Clínica Médica desde 1931 y fue el iniciador de la enseñanza de la nefrología. A partir de 1946 asumí la enseñanza nosográfica de la nefrología, dictando clases y prácticas del capítulo de nefrología e interviniendo en los conversatorios clínico-patológicos dirigidos por el doctor Carlos Lanfranco desde 1962, con la participación importante del patólogo doctor Pedro Larrea Ramírez.
Como profesor de Nefrología organicé y dirigí mesas redondas de nefrología desde el año 1959, habiendo participado destacados especialistas de EE. U U., Francia, Argentina y Perú. Esta actividad docente la he realizado durante treinta y ocho años. En el campo de la investigación incorporé en la etiopatogenia de determinadas nefropatías la concepción de inmunopatología que recientemente surgía en las investigaciones nefrológicas.
En el Hospital Dos de Mayo se efectuaron numerosos trabajos, donde participaron y colaboraron distinguidos especialistas y profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Debo citar a los siguientes: Pedro Larrea, Yolanda Abalan, Rómulo Olivo, Luzmila Molina, Julio Rivera, Julio Bedoya, Antonio Pinedo, Norberto Quesada, Carlos M. Romero, Norman Mejía, Gerardo Aliaga, José Zegarra Prieto, Abel Mejía. Osear Vargas y Rómulo Zelada.
El programa de investigación iniciado en 1962 ha dado aportes importantes en el avance de la nefrología peruana; entre ellos, los siguientes: «Nefrosis amiloidea. Estudio clínico e histológico», presentado en el II Congreso Nacional de Medicina. “Síndrome nefrósico. Tratamiento y control con biopsia renal seriada”, presentado en el III Congreso Internacional de Nefrología en 1966, donde constatamos las modificaciones producidas en el túbulo proximal y que fueron la base para los avances logrados por el doctor Guillermo Whittembury en los procesos de osmosis y pasaje transepitelial con moléculas marcadas en los riñones. “Renal Function and Arteriography in Nephrotic Síndrome”, presentado en el IV Congreso Internacional de Nefrología en 1969. “Tratamiento y control de la bacteriuria en la infección urinaria”, presentado en el V Congreso Internacional de Nefrología en 1972 en México.
Otras importantes contribuciones han sido los siguientes trabajos: “Infección urinaria y pielonefritis. Tratamiento”, presentado en el I Congreso Peruano de Nefrología en 1972. “Pulmón urémico”, presentado en el III Congreso Latinoamericano de Nefrología en
Bogotá en 1976. “Contribución a la clínica y tratamiento de la pielonefritis”, presentado en el I Centenario del Hospital Dos de Mayo. “Ferroquinética en la insuficiencia renal crónica”, en el IV Congreso Latinoamericano de Nefrología en 1979 en Lima.
Desde 1983, la atención nefrológica del Hospital Dos de Mayo está a cargo del doctor Hornero Silva Díaz, acompañado del doctor Fausto López Marcelo en su condición de jefe del Consultorio de Nefrología. Actualmente el doctor Hornero Silva cumple una destacada labor en la especialidad, teniendo a su cargo la enseñanza de la nefrología en la Universidad peruana Cayetano Heredia, habiendo realizado contribuciones muy importantes en el campo de la diálisis. Termino estas notas históricas con las palabras de Daniel Alcides Carrión: “Seguid el camino que os he trazado”.
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domingo, 5 de diciembre de 2010

HISTORIA DE LA NEFROLOGIA LATINOAMERICANA



PORTUGAL

J. P. Amorim
Presidente. Sociedad Portuguesa de Nefrología

O dealbar da Nefrologia é preparado em Portugal pela experiência Clínica e reflexão investigativa de uma longa escola de internistas que nos Hospitais Universitários de Lisboa, Porto e Coimbra preparam as gerações que, a partir dos finais dos anos 50, passam a centrar a sua actividade no estudo e tratamento das doenças renais.

Em 1956, no Porto, Cerqueira Magro introduz a biópsia renal. E, a partir do começo dos anos 60, Rafael Adolfo Coelho em Lisboa, Eva Xavier, Serafim Guimarães e Levi Guerra no Porto e, mais tarde, Adelino Marques em Coimbra, iniciaram nos seus Serviços de Medicina Interna a prática regular da Nefrología.

O gravíssimo problema das insuficiências renais agudas cedo despertou nos médicos portugueses o imperativo de lhe procurar solução pêlos métodos de terapéutica substitutiva, sendo já utilizada a diálise peritoneal intermitente desde o final dos anos cinquenta.

Filipe Vaz, em Lisboa, começa os primeiros tratamentos de hemodiálise, por 1960, utilizando o Kolff de tambor rotativo. Logo em seguida, em 1961, é Cerqueira Magro quem instala no Porto a terapêutica hemodialitica, utilizando pela primeira vez os filtros de placas.

Em 1966, Jacinto Simões instala uma Unidade de Cuidados Intensivos no Serviço de Medicina Interna do Hospital Curry Cabral, em Lisboa, passando a utilizar a diálise peritoneal e a hemodiálise, alargada em 1967 ao primeiro programa português de hemodiálise crónica. A hemodiálise é iniciada também no ano seguinte no Serviço de

Medicina Interna do Hospital de Santo António, no Porto, com Eva Xavier, Serafim Guimarães e Levi Guerra, no Serviço de Urologia dos Hospitais da Universidade de Coimbra, com Linhares Furtado e colaboradores, já na perspectiva do transplante renal que afanosamente se preparava. Os anos setenta vêem a multiplicação dos casos de insuficiência renal terminal, a exceder dramaticamente a capacidade de tratamento das unidades de hemodiálise dos hospitais estatais. Face à incapacidade oficial, é a iniciativa privada dos médicos que vem dar a necessária solução, a partir da acção de Filipe Vaz, em 1973, rapidamente seguido por outros grupos médicos, sobretudo a partir dos finais dos anos 70.

Em 1980 é iniciada a D.P.C.A. pela equipa de Jacinto Simões, no Hospital de Santa Cruz. O transplante renal, ainda limitado ao rim de dador vivo, dado a vazio legal então existente, foi realizado pela primeira vez nos Hospitais da Universidade de Coimbra, em 1969, pela equipa chefiada por Linhares Furtado, seguido, pouco tempo depois, pela equipa de Jacinto Simões, no Hospital Curry Cabral, em Lisboa. Só onze anos mais tarde, havendo sido enfim promulgada legislação apropriada, teve inicio um programa de transplante renal como rins de cadáver com as intervenções da equipa de Linhares Furtado, em Coimbra, e da de Rodríguez Pena, em Lisboa. Novas equipas de transplante se lançaram nesta importante acção, nos Hospitais de Santo António e de S. João, no Porto, e nos Hospitais de Santa Cruz, de S. Francisco Xavier, de Santa Maria e de Curry Cabral, em Lisboa, Em Dezembro de 1991, o total de transplante renais era de 1.602.

Em 1978, o Ministério da Saúde cria a Comissão Nacional de Diálise e Transplante que apoiou o Ministerio na preparação do enquadramento do tratamento da Insuficiência Renal Crónica Terminal em Portugal propondo, nomeadamente, as bases de um “Programa Nacional de Diálise” e a criação do “Lusotransplante” que articula funcionalmente os Centros de Histocompatibilidade do Norte, Centro e Sul. A preparação dos primeiros nefrologistas portugueses é feita em centros estrangeiros sendo só em 1975 que se inicia o treino da especialidade em Portugal sob a direcção de Eva Xavier, Serafim Guimarães, Levi Guerra, Cerqueira Magro e Sousa Fernandes no Porto, Adelino Marques em Coimbra e Rafael Adolfo Coelho e Martins Prata em Lisboa. Em 1981, a Ordem dos Médicos reconhece a autonomía da Nefrologia e cria o respectivo Colégio de Especialidade. Também em 1981, cria-se em Faro o primeiro Serviço de Nefrologia fora dos Hospitais Centrais e Universitarios e iniciase a disseminação dos novos especialistas por todo o território nacional. O crescimento do número de Nefrologistas leva às primeiras experiências associativas a partir de 1978. Nesse ano realiza-se o 1.° Simpósio Português de Nefrologia, presidido por Martins Prata e em 1982 é formalmente constituida a Sociedade Portuguesa de Nefrologia que elege Eva Xavier como seu primeiro Presidente.

Em 1986 a Sociedade realiza o seu primeiro Congresso, presidido por Martins Prata e inicia o funcionamento do Gabinete de Registo do Tratamento de Insuficiência Renal Crónica Terminal sob a responsabilidade de Ribeiro Santos. A Sociedade Portuguesa de Nefrologia tem hoje cerca de um quarto de milhar de membros, realiza anualmente o seu Congresso (em conjunto com a Associação Portuguesa de Enfermeiros de Diálise e Transplantação), promove estudos cooperativos e cursos de formação postgraduada e mantém relações com as suas congéneres nacionais e internacionais.
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HISTORIA DE LA NEFROLOGIA LATINOAMERICANA


PUERTO RICO
J. L. Cangiano
Presidente de la Sociedad de Nefrología e Hipertensión de Puerto Rico.
Los primeros esfuerzos que se hicieron por mantener la vida en pacientes con enfermedad renal aguda con hemodiálisis en Puerto Rico se llevaron a cabo a principios de la década de los sesenta en el Hospital Universitario de San Juan. Durante ese tiempo también hubo grandes esfuerzos por desarrollar un programa agudo y crónico en la ciudad de Ponce. Estos primeros esfuerzos siguieron al entusiasmo que predominaba en los países europeos, Norteamérica y Latinoamérica por mantener vivos a los pacientes renales con hemodiálisis y diálisis peritoneal en preparación para un trasplante renal.

Al final de la década de los sesenta ya se empieza a dializar pacientes en forma crónica, mayormente en programas de diálisis peritoneal intermitente. El interés de un grupo de médicos por esta disciplina los llevó a desarrollar un programa de tratamiento crónico. Durante este tiempo, los médicos que trabajaban en este programa fueron Heriberto Morales, Hernán Padilla, Roberto Rodríguez, Rafael Burgos-Calderón, Rafael Ramírez González y Cristino Colón. Estos profesionales establecieron la base para desarrollar un programa de entrenamiento en el Hospital Universitario, que ha sido dirigido por el doctor Rafael Burgos-Calderón.

Al mismo tiempo, un grupo de cirujanos y “nefrólogos en desarrollo” realizaron trasplantes de riñones en Ponce, siendo este grupo el pionero en trasplante de órganos en Puerto Rico. Sobresalen en este grupo Jorge Gutiérrez Camacho, Ernesto Rodríguez, Héctor Rodríguez y Gilberto Rodríguez.

Para el año 1969 se establece un programa de diálisis peritoneal y hemodiálisis aguda y crónica en el Hospital de Veteranos. El doctor Osvaldo Ramírez Muxó es el primer nefrólogo puertorriqueño, con especialidad certificada por un centro académico norteamericano, que inicia un programa de diálisis aguda y crónica de gran envergadura y una sección de nefrología que luego se certifica debidamente por las agencias federales norteamericanas. El doctor José L. Cangiano se une al doctor Ramírez Muxó en 1969 y establecen la primera unidad de investigación renal y de hipertensión en el Caribe. Se une el doctor Ramírez González a la Facultad del Hospital de Veteranos y desarrollan la unidad renal, que mantiene un estándar de excelencia. La excelencia de este programa se intensifica con el regreso de Manuel Martínez Maldonado a Puerto Rico para dirigir primero el Departamento de Investigación y luego el Departamento de Medicina del Hospital de Veteranos. Durante el año 1972 se aprueba la ley del Seguro Social Federal, que cubre los costos del tratamiento de diálisis. El doctor Eduardo Santiago Delpín establece el primer programa de trasplante renal en el Hospital de Veteranos. Subsiguientemente este programa se transfirió al Hospital Auxilio Mutuo, donde se encuentra ubicado en este momento.

Los programas del Hospital Universitario y Hospital de Veteranos se han complementado con el programa de trasplante en el Hospital Auxilio Mutuo para hacer un programa de adiestramiento y de investigación renal. Han sido muchos los médicos puertorriqueños y latinoamericanos que han sido entrenados en estos programas.

A través de todos estos años se han reconocido estos programas como modelos de prestación de servicios de alta calidad que han atraído muchos profesionales y proveedores de servicios renales a Puerto Rico para adquirir nuevos conocimientos que han sido de gran utilidad para el tratamiento de enfermedades renales en sus respectivos países.

En el año 1986 se estableció la Sociedad de Nefrología e Hipertensión en Puerto Rico. Esta Sociedad ha sido presidida por el doctor José L. Cangiano desde su incepción hasta el presente. El doctor Martínez Maldonado fue su primer secretario-tesorero y el doctor José F. Plaqué el segundo secretario-tesorero. Esta Sociedad tiene 62 miembros activos y ha llevado a cabo actividades y congresos internacionales, como el Primer Congreso Iberoamericano de Nefrología y el Segundo Congreso Panamericano de Diálisis y Trasplante. San Juan será también la sede del Noveno Congreso Latinoamericano de Nefrología en octubre de 1994. En este Congreso, el doctor Manuel Martínez Maldonado tomará las riendas de la presidencia de esta organización.

Actualmente en Puerto Rico se dializan alrededor de 2.000 pacientes y se han llevado a cabo 400 trasplantes de riñón. Algunos de nuestros miembros han sido electos a posiciones de directores internacionales y han presidido sociedades internacionales de nefrología, de investigación o de trasplante de órganos.
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sábado, 4 de diciembre de 2010

HISTORIA DE LA NEFROLOGIA LATINOAMERICANA




URUGUAY

Conferencia del Dr. Wilhem Kolff en el Hospital de Clínicas
(Anfiteatro de Radiología), 1968 URUGUAY




P. Ambrosoni
Presidente de la Sociedad Uruguaya de Nefrología.

En Uruguay, como en otros países, la nefrología surge a partir de los servicios de medicina interna.

Históricamente reconoce en la clínica las primeras descripciones de Bright y casi cien años después los conceptos anatomofisiológicos de Volhard y Fahr como los puntos de apoyo de la especialidad, como lo hacen la mayoría de las escuelas nefrológicas.

Es así que en nuestro pequeño país, de apenas tres millones de habitantes, pero con una escuela médica muy reconocida, es el profesor Franchi Padé quien siembra las primeras “semillas” nefrológicas.

Medalla de oro de la Facultad de Medicina, profesor de Patología y luego de Clínica Médica, ya en los años cuarenta en sus lecciones se ocupaba preferentemente de temas nefrológicos, y en la investigación tanto básica como clínica su labor se orientaba a diversos aspectos de la patología renal.

Esta tarea tiene su punto culminante en 1942, en que publica su obra Enfermedades médicas de los riñones, por lo que obtiene en nuestro país el premio SOCA en 1944, máximo galardón a una publicación médica en Uruguay en ese entonces.

En mérito a sus trabajos es invitado a participar en 1953 en el Congreso Internacional de Pediatría a desarrollarse en La Habana, en una mesa redonda sobre “Nefrosis”, coordinada por el profesor Homer Smith, de la Universidad de Nueva York, siendo también invitados a participar de la discusión el profesor M. Rapaport, de Filadelfia; el profesor Jean Hamburger y el profesor Jiménez Díaz, entre otros distinguidos participantes.

En 1954, su trabajo sobre la “Multiinstantánea funcional renal”, prueba funcional de concentración-dilución desarrollada por el profesor Franchi Padé, es seleccionada para la publicación en el volumen 30, número 3, del mes de octubre, de la Semaine des Hópitaux de Paris, número en honor a la medicina de Uruguay. Si bien el profesor Franchi Padé no pudo culminar su obra, la semilla estaba echada y en 1955-56 el doctor Adrián Fernández concurre como becario al hospital Necker-Enfants Malades y a su regreso introduce en nuestro país las técnicas de diálisis, primero con diálisis peritoneal, en pacientes agudos y realizando en 1958, junto con los doctores W. Espasandín y Dante Petruccelli, la primera hemodiálisis en un paciente portador de una insuficiencia renal aguda. Posteriormente, y contando con el apoyo del equipo del Hospital Italiano de Buenos Aires, dirigido por los doctores Herrero y Petrolito, el profesor Petruccelli junto con el profesor Campalans, realizan en 1966 en la ciudad de Montevideo los primeros tratamientos de diálisis crónica.

Desde esa fecha, y liderado por ellos, se constituye el primer grupo de asistencia nefrológica, que luego tendrá continuidad en el tratamiento dialítico y será la base fermental que dará origen a la cátedra de nefrología y desarrollo de la especialidad.

Paralelamente, desde la Cátedra de Urología, bajo la inspiración del profesor Frank Hughes, se preparaban las condiciones necesarias para la realización en nuestro medio de la técnica del trasplante renal. El trasplante renal tuvo en el profesor Hughes figura destacadísima de la urología nacional, su inspirador.

De sus méritos destacamos:

Profesor titular de Urología entre 1960-69.

Profesor emérito de la Facultad de Medicina de Montevideo, 1974.

Miembro titular de la Academia Nacional de Medicina, y en el extranjero, junto con designaciones de miembro correspondiente extranjero de diversas sociedades latinoamericanas y distinciones, se destacan la medalla del Instituto de Urología de la Santa Cruz y San Pablo (Santa Creu y San Pau), de Barcelona, en 1964, y es condecorado por el Estado español con la Orden de Isabel la Católica en Madrid en noviembre de 1965 y por el Gobierno de Brasil como comendador de la Orden Nacional de Cruzeiro do Sul en 1968.

Tras su impulso fue uno de sus discípulos más dilectos el profesor Jorge Pereyra Bonasso, a quien eligió para concurrir en 1964 al Instituto de Cirugía Experimental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, a cargo de los doctores Roberto y Fernando Vargas Delaunoy, paraestudiar la técnica de trasplante renal en el perro, trabajo que el profesor Pereyra continuó en nuestro país, culminando con la presentación de una monografía en la Facultad de Medicina de Montevideo en 1967.

Sentadas estas bases, en 1969 se realiza el primer trasplante renal cadavérico en nuestro país, en el ámbito de la Clínica Urológica, dirigida en forma interina por el profesor Julio Viola Peluffo, y con el apoyo de la Cátedra de Cirugía Experimental, dirigida por el profesor Uruguay Larre Borges. Integraban el equipo quirúrgico, además de los mencionados, los profesores Petruccelli y Campalans, quienes brindaron el soporte médico.

En enero de 1974 se realiza por el mismo equipo el primer (raspante renal. Intervino con éxito a un paciente que luego conserva dicha situación después de diecisiete años, volviendo a ingresar a tratamiento dialítico en fecha reciente.

Si bien éstos son los comienzos a nivel asistencial, a nivel institucional estos mismos hechos fueron generando otros, y es así que en 1975 la Facultad de Medicina crea el Centro de Nefrología, ubicado en el Hospital de Clínicas Doctor Manuel Quiniela, siendo su primer director el profesor Dante Petruccelli hasta su renuncia en febrero de 1978.

En 1979 se crea la Cátedra de Nefrología y el Curso de Postgrado de la especialidad, siendo el primer profesor el doctor Nelson Mazzuchi.

A nivel nacional, en 1971 se promulga la ley 14.005 de creación del Banco Nacional de Órganos y Tejidos, pero dicha ley se instrumenta en 1978, siendo el primer director el profesor Raúl Rodríguez Barrios.

En 1979 se firma entre Uruguay y Francia un convenio de cooperación que se instrumenta a través de un intercambio de becarios al Hospital Necker-Enfants Malades de París y Misiones en nuestro país, cuyos titulares, los profesores Tilman Drüeke y Henri Kreis, contribuyeron grandemente en el desarrollo ulterior de las áreas de tratamiento dialítico y trasplante renal, siendo designados ambos socios de honor de la Sociedad Uruguaya de Nefrología, y el profesor Henri Kreis, doctor “honoris causa” de la Facultad de Medicina de Montevideo en el año 1984 y 85.

Junto con el convenio de cooperación se reglamentó la ley 14.897, que provee un sistema solidario de financiación nacional para el tratamiento de la uremia crónica terminal, permitiendo un abordaje universal e igualitario para todos los habitantes del país con dicha afección, ya sea por diálisis peritoneal, hemodiálisis o trasplante renal.

A nivel científico, a lo ya mencionado agregaríamos de los servicios de medicina interna la publicación de un trabajo sobre síndrome de Alport de P. Furriel y cols. en el American Journal of Medicine 49:753-773/1970, y la presentación de trabajos y comunicaciones en congresos nacionales, extranjeros y latinoamericanos, con publicaciones en revistas nacionales, argentinas y brasileras y la colaboración en libros nacionales de capítulos dedicados a la nefrología y múltiples trabajos monográficos.

Toda esta actividad científica se canaliza a través de la Sociedad Uruguaya de Nefrología, que inicialmente coexiste como Sociedad Uruguaya de Urología y Nefrología desde 1971 a 1981 y que en el año 1982 se identifica como una sociedad independiente, creándose la Sociedad Uruguaya de Nefrología, presidida en períodos sucesivos por los doctores Petruccelli, Nelson Mazzuchi, José Ventura y Laura Rodríguez, hasta la actual.

La Sociedad Uruguaya de Nefrología ha tenido una actividad científica regular a lo largo de sus ya diez años de existencia, con sesiones científicas mensuales, con extensión al interior del país, y ha organizado en su desarrollo, en noviembre de 1983, el Primer Coloquio Rioplatense de frecuencia anual hasta 1990, en que se extienden a Jornadas del Cono Sur; en 1984, las Primeras Jornadas Uruguayas de Nefrología, junto a las Jornadas de Enfermería en Nefrología, en 1985.

El Primer Congreso Uruguayo de Trasplantes, junto con el Tercer Congreso Latinoamericano en Montevideo, con la participación de destacados especialistas de Europa y EE. UU., entre los que mencionamos, por el vínculo afectivo y su gran humanidad, así como su aporte científico y autoridad moral, al profesor Jean Dausset, figura señera en el estudio de la histocompatibilidad, quien mereciera por su investigación el Premio Nobel de Medicina.

En 1990, finalmente, se realizó el Primer Congreso Uruguayo de Nefrología y el Segundo Congreso Uruguayo de Trasplantes. La Sociedad Uruguaya de Nefrología tiene en su seno comisiones de trabajo que han permitido desde su creación un registro regular de actividades de diversas áreas, de las que se destacan un registro de glomerulopatías, con un número registrado cercano ya a las 500 biopsias renales con esa patología; un registro de hemodiálisis y diálisis peritoneal que concentra datos de ingreso y evolutivos de la totalidad de pacientes en ese tratamiento en el país, y el estudio de aspectos puntuales de dichos tratamientos, como el análisis de las perturbaciones del metabolismo fosfocálcico y un registro de biopsias óseas con un número mayor a 100 biopsias registradas. En el área del metabolismo fosfocálcico, junto con la Cátedra de Nefrología se establece a partir de 1987 un convenio de cooperación con la Unidad de Investigación del Hospital Central de Asturias, dirigido por el doctor Jorge Cannata, que ha sido fuente de enriquecimiento a nivel de la nefrología, pero se extiende a otras áreas de la medicina en nuestro país, y en cuyo marco se han realizado Jornadas Internacionales sobre Patología Ósea en los años 1988, 89 y 90; misiones bilaterales de intercambio, concurrencia de becarios, etc.

La actividad en trasplante renal se desarrolla a través de dos equipos de trasplante a nivel del Hospital Italiano y Universitario, y su coordinación fue realizada hasta 1981 por el profesor Dante Petruccelli y desde entonces a la fecha por la profesora doctora Laura Rodríguez.

En 1984 se funda la Sociedad Uruguaya de Trasplantes, siendo el profesor Jorge Pereyra Bonasso su primer presidente.

La actividad en trasplante también cuenta con un registro regular de su actividad desde su creación, mereciendo destacarse en 1977 la realización del primer trasplante en una diabética en Latinoamérica.

De esos registros de las Sociedades de Nefrología y Trasplantes referimos, para concluir, algunas cifras actuales que pensamos que agregan a la secuencia histórica referida un panorama actual del desarrollo alcanzado.

Queremos resaltar, antes de mencionar las cifras, que éstas han sido el fruto del esfuerzo sostenido de un grupo y ubicar que su desarrollo se ha hecho en un período de particulares dificultades políticas y económicas, con una quiebra institucional a nivel político entre 1973-1985 y una situación de crisis económica general en toda Latinoamérica que es de conocimiento general y a la que nuestro país no escapa.

De cualquier modo, aun sin completar sus objetivos, Uruguay cuenta hoy en el área de la nefrología con 79 médicos especialistas distribuidos por todo el país, con 26 centros de asistencia nefrológica (15 en Montevideo y 11 en el resto del país), lo que acerca a la distribución de su población, que se reparte en partes iguales entre capital y provincia.

En estos centros, de acuerdo al registro nacional a diciembre de 1990, se asistía a 316 pacientes por millón de habitantes, con un ingreso calculado anual de 93 pacientes por millón.

Se había asistido hasta la fecha a 1.554 pacientes registrados con datos válidos, entre los que la mortalidad promedio a lo largo de diez años de cobertura del registro alcanzó a un 11 % anual, con una sobrevida actuarial para el primer año del 91 %, a los tres años del 76 %, del 68 % a los cinco años y del 52 % a los diez años.

Los centros de diálisis, por su parte, contaban en un 88 % con un eficaz tratamiento de agua, y en controles con cortes transversales periódicos la situación de marcadores de hepatitis, población inmunizada y susceptible mostraban una franca mejoría.

Se realiza actualmente un control regular del VIH en hemodiálisis y se ha notado una disminución significativa de las complicaciones de los pacientes y de los días de internación. Existe un aumento de la edad media de la población en diálisis, así como prolongación de la sobrevida, por lo que a nivel de la rehabilitación y reinserción laboral no hemos apreciado diferencias importantes.

En el área de transplante renal se han realizado en los últimos años unos seis-diez trasplantes por un millón de habitantes, totalizando a diciembre de 1990, 209 trasplantes.

De ellos, cerca del 90 % se realizan con dador cadavérico a través de un programa de trasplante cadavérico, cuyo desarrollo tiene implicaciones éticas muy importantes.

La sobrevida actuarial de pacientes es: al primer año, del 92 %, y a los cinco años, del 80 %, en tanto que la sobrevida del trasplante se sitúa en el 78 % al año y el 60 % a los cinco años.

Estas cifras en diálisis y trasplante colocan a Uruguay en un lugar destacado en Latinoamérica en la cobertura del tratamiento de la insuficiencia renal terminal y permiten la satisfacción de algunos objetivos alcanzados, aunque esté presente en nuestro espíritu la inquietud de metas más lejanas y el compromiso del esfuerzo para lograrlas.

En todo el desarrollo del tratamiento de la insuficiencia renal terminal, el Uruguay ha podido aprovechar de la experiencia obtenida por países con mayor grado de desarrollo y alcanzar en pocos años niveles adecuados de asistencia. Pensamos que el trabajo serio y denodado, el intercambio científico, la cooperación internacional y la divulgación honesta y desinteresada de la información son los mejores instrumentos para lograr nuevos horizontes y mayores beneficios para nuestros pacientes, hacia quienes, en definitiva, deben dirigirse nuestros esfuerzos.


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Orígenes de la Sociedad Uruguaya de Nefrología
Prof. Dr. Dante Petruccelli Romero

A) Contexto Histórico Internacional

Diversas razones pueden explicar que los médicos formen asociaciones científicas, dedicadas al estudio de una determinada disciplina, con el fin de contribuir a su progreso, divulgación y mejor aplicación. Para ello, es esencial que dicha disciplina adquiera una relevancia cuantitativa y, sobre todo, cualitativa, que justifique un perfil propio. Así se produjo el nacimiento y desarrollo de las distintas especialidades que, a lo largo de las décadas, se han ido separando del tronco madre de la Medicina y de la Cirugía generales.

En el campo de la Nefrología, definida como “la especialidad dedicada al estudio de las enfermedades médicas del aparato urinario”, muchos trabajos clínicos y de investigación, insinuaron su perfil, ya desde el siglo XIX, entre los que cabe destacar los de Richard Bright (Londres) a propósito de nefritis y nefrosis. Sin embargo, es recién en las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX, que se alcanzan los niveles cuantitativos y cualitativos referidos, y la Nefrología adquiere una destacada presencia en el quehacer médico, evolucionando hacia su autonomía.

En la primera mitad de los años 40 (1942 - 1943), Wilhem Kolff (1911) utilizó, por primera vez con éxito en seres humanos, un aparato para hemodiálisis extracorpórea, en el tratamiento de pacientes con insuficiencia renal aguda (IRA), en el Hospital de Kampen (Holanda). Esto ocurrió durante la 2ª Guerra Mundial, estando Holanda ocupada por los ejércitos nazis. En los años siguientes, la técnica se fue perfeccionando, y se usó extensivamente en la guerra de Corea. El tratamiento de la IRA, fue uno de los ejes del desarrollo de las unidades de cuidados intensivos, en la década de los 50. En los años 60, con el logro de un acceso permanente al sistema vascular (arteria - vena), con las cánulas de silastic - teflón, de Quinton, Dillard y Scribner (1960) y, luego, con la fístula A-V de Brescia y Cimino (1966), se hicieron los primeros intentos de tratamiento de la insuficiencia renal crónica total (IRCT), por hemodiálisis periódica - HDP - (1960; Belding Scribner - Seattle - EEUU). Al mismo tiempo, se fue extendiendo el uso de la diálisis peritoneal, al mejorarse la calidad de los catéteres.
El primer lustro de los 50, trajo los primeros trasplantes renales (de madre a hijo - Jean Hamburger y colaboradores - París 24 de diciembre 1952, y entre gemelos univitelinos, J. P. Merrill y colaboradores - Boston 1954). La técnica se comenzó luego a usar, con éxito diverso en otros países.

Paralelamente a estos espectaculares avances terapéuticos, y en parte promovidos por ellos, otros conocimientos sobre fisiología, fisiopatología y patología renal, adquirieron destaque en los 50, así como sobre inmunología e histocompatibilidad; en esta última disciplina, se destacan los trabajos de Jean Dausset (París), que motivaron, años después, que obtuviera el premio Nobel de Medicina. El desarrollo de la técnica de punción biópsica renal transcutánea (PBR), ideada y utilizada por primera vez por el médico cubano Pérez - Ara, (hecho que se suele ignorar en la bibliografía) fue otro aporte fundamental.

De este modo, en los 60, la Nefrología ya aparecía como una de las más importantes especialidades médicas y el Centro de Nefrología del Hospital Necker, dirigido por el Prof. Jean Hamburger, lideraba su desarrollo a nivel mundial. Hamburger impulsó la creación de la Sociedad Internacional de Nefrología, oficializando así el nombre de la especialidad; en Evian - Francia, se realizó el 1er Congreso Internacional (1960). En agosto - setiembre de 1960 se fundó la Sociedad Argentina de Nefrología.

B) Contexto Histórico Nacional

Estos acontecimientos repercutieron en todo el mundo y también en nuestro país, que, en la década de los 50, estaba en un excelente nivel económico, cultural y científico.

Toda referencia histórica a la Nefrología uruguaya, lleva a mencionar a la personalidad más destacada en sus inicios, el Prof. Dr. Héctor Franchi Padé (1904 - 1963), relevante hombre de ciencia y de la docencia en Clínica Médica, que desarrolló en Uruguay las bases de la especialidad, con tres aportes de gran valor:
1) su libro, “Enfermedades Médicas de los Riñones”, Ed. Sindicato Médico del Uruguay, 1942;
2) su técnica de exploración funcional renal (“multinstantánea funcional renal”) y,
3) su esfuerzo por equipar al Hospital Universitario (Hospital de Clínicas), con un aparato para hemodiálisis extracorpórea.

Precisamente, con ese aparato (Kolff - Merrill, “rotating drum artificial kidney”), en los años 57 y 58, el Prof. Dr. Adrián Fernández (1923 - 1996) (#), comenzó a utilizar la hemodiálisis, en el tratamiento de la IRA. Luego de ensayar con animales, la primera hemodiálisis terapéutica se realizó en enero de 1958, en una paciente de 21 años, en IRA postaborto.

Al mismo tiempo, el Prof. A. Fernández, puso en marcha la técnica de diálisis peritoneal, ayudado por el Dr. Escipión Oliveira; un grupo pequeño de médicos, nos fuimos formando al lado del Prof. Fernández, docente de Clínica Médica, quien, mas tarde (c. 1964) continuó como docente a tiempo completo en Fisiopatología, abandonando su trabajo en diálisis.

# El Dr. A. Fernández, adquirió estos conocimientos en el servicio del Prof. Hamburger, gracias a becas de la Universidad de la República y de la Embajada de Francia en Uruguay; en los años siguientes y hasta el presente, muchos nefrólogos uruguayos han concurrido al Hospital Necker de París, con el apoyo de la Embajada francesa en Uruguay. Publicó su experiencia en un pequeño libro “Tratamiento de la Insuficiencia Renal Aguda. El Riñón Artificial”. Facultad de Medicina-Montevideo 1962.

En 1966, utilizando accesos vasculares de silastic - teflón (Quinton - Scribner), comenzamos a tratar pacientes con insuficiencia renal crónica total (IRCT); aunque la tecnología disponible, no permitía mantener el tratamiento mas allá de algunos meses, ello hizo posible que el equipo (médicos y enfermeras), adquiriera experiencia.


Conferencia del Dr. Wilhem Kolff en el Hospital de Clínicas
(Anfiteatro de Radiología), 1968

En 1969 se realizaron 2 trasplantes renales con dador cadavérico, con pobres resultados y, luego, 2 trasplantes con dador vivo (1974 y 1976) con buenos resultados. Todos ellos, fueron hechos, por el equipo dirigido por el, ahora, Prof. Em. Dr. Uruguay Larre Borges, (también becario en París), con la participación de los Dres. L. A. Cazabán, los urólogos Jorge Pereyra Bonasso y Luis Bonavita, de la Clínica del Prof. Julio Viola Peluffo, y el apoyo médico – nefrológico de nuestro grupo, en el cual debo destacar el papel jugado por el Prof. Luis A. Campalans y por las EU Juana Bequio y Laura Hernández. La falta de recursos económicos era entonces, el principal obstáculo. Corresponde destacar que estos trasplantes, fueron precedidos por varios años de trabajos experimentales en perros, realizados por el Prof. A. Fernández (Cátedra de Fisiopatología), el Prof. Uruguay Larre Borges (Departamento de Cirugía) y el Prof. Pereyra Bonasso (en Santiago de Chile y en el Departamento de Cirugía), con el fuerte apoyo del Prof. Frank Hughes.

En esos años, además, y no menos importante, hubo un fuerte desarrollo de la investigación en histopatología renal, gracias al uso frecuente de la PBR en las distintas clínicas médicas de la Facultad de Medicina; cabe citar un excelente trabajo cooperativo sobre la nefropatía diabética, (Acosta - Ferreira, Bouton, Sánchez y otros). Destacamosel trabajo sobre síndrome de Alport: Familial hereditary nephropathy (Alport`s síndrome) publicado en Am J of Med (1970 Dec;49(6): 753-73) por Purriel P., Drets M y colaboradores. Constituyó un aporte muy importante, reconocido internacionalmente.

La década del 70, a pesar de los graves problemas políticos que vivía el país, fue muy rica en acontecimientos favorables, siendo de destacar la promulgación de dos leyes muy importantes: a) La ley 14055 (17/8/71), reglamentada en 1977, solucionó el problema legal de los trasplantes y creó el Banco Nacional de Órganos y Tejidos, con su Laboratorio de Histocompatibilidad; b) La ley 14897 (actual ley Nro16343), creó el Fondo Nacional de Recursos (F.N.R. - año 1979); fue reglamentada en 1980, y generó la base económica y administrativa, que hizo posible el tratamiento con HDP, diálisis peritoneal (DPCA) y trasplante renal, de la IRCT a nivel nacional.

Paralelamente, un grupo de pediatras, liderados al comienzo por el Dr. Salomón Fabius y, luego, por el Prof. José Grünberg, fue definiendo con nitidez el área de la Nefrología Pediátrica, fuertemente vinculada, en estas etapas iniciales (y aún hoy), a la nefrología de adultos.
En 1974, en los comienzos del gobierno militar de facto, las autoridades interventoras de la Facultad de Medicina, decidieron la creación del Centro de Nefrología, dándole categoría de Departamento y funciones docentes específicas, a una unidad de trabajo que, desde 1960 por lo menos, funcionaba en forma aislada e inorgánica. Luego, en acuerdo con la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina, se creó la Especialidad, y se definieron los cursos de postgrado, que se iniciaron formalmente en 1979.
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